En la soledad de una cama victima de una afección pulmonar muere una de las mas grandes escritoras salvadoreñas que con su pluma y una gastada maquina de escribir, que yace en silencio con sus teclas seniles aun esperando las manos de la gran Doctora, que nos hizo vivir tantas emociones presas en sus cartas a Grosa, bajo un cielo escondido que silenciosamente emite sollozos oscuros, mientras yace en un gélido mausoleo invernando eternamente, aprisionada nuestra Matilde Elena López, la poesía hecha mujer.
La destacada escritora salvadoreña Matilde Elena López falleció a los 91 años de edad en un hospital de esta capital, aquejada por problemas pulmonares, la literata murió la noche del miércoles en el Hospital de Especialidades del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) , donde los médicos la atendieron de la mejor manera, pero su avanzada edad fue un factor que imposibilitó su recuperación.
López, acreedora del Premio Nacional de Cultura en 2005, fue pionera en el ensayo y quien abrió puertas a otras mujeres escritoras en este pequeño país centroamericano.
De carácter muy fuerte, la dramaturga deja un gran legado de sus obras que seguirán siendo del conocimiento de los amantes de la lectura y sobre todo, porque es considerada la pionera del ensayo en El Salvador.
El deceso de López ha generado gran consternación entre los poetas, intelectuales y escritores salvadoreños.
López contribuyó desde muy joven en la vida política del país, incluso participó en el intento por derrocar al dictador y general Maximiliano Hernández, durante la década de los años 40.
MMirándome en tu cuadro Quiero captar la poesía de tus ojos -me dijiste mientras en el cuadro les dabas vida irradiadora y toda yo surgía como diosa. Si pintar el objeto es poseerlo Objeto de tu amor fueron mis ojos Por un acto de magia que conoces. Tan pura luz le diste a mis pupilas Que hasta parece ahora que te besan, ¿pues si ya los robaste? ¿Qué me queda sino seguir el robo que robaste? Mi imagen en tu cuadro es una ermita Que guarda una sonrisa misteriosa Y la boca dibujas de tan leve Que hasta parece que aletea el beso. Me pintaste quizá un poco triste Porque acaso sabías, sin saberlo, Que sólo tú podrías darme vida. Cielo escondido Me ofreces ese cielo Que no alcanzo. Serio me dices Que te dé la mano. ¡Mucho tendremos que luchar por ese cielo! Porque ¡dímelo tú, Si vendes ese cuadro! ¿Nos podría alcanzar para ese sueño? Y si vendo mis libros, ¿tú qué dices? ¿Podrán tus manos alcanzarme el cielo? Simplemente nosotros Cuando la huella De tu pie Cubra la mía Y nuestros pasos Sigan el mismo Sendero. Cuando la brisa De la noche Nos envuelva En una sola Gasa. Será hermoso ver Cómo tu sombra Protege Mi pequeña sombra. Entonces llegarán Las olas del tiempo Que habremos resistido Como un trigo en el peso De la misma espiga… Y ya no seremos Tú y yo Sino sólo Nosotros… Simplemente: Nosotros… Los sollozos oscuros Tanto amor y no poder nada contra la muerte. César Vallejo Tú que no conociste la derrota Ver que no puedes nada En esa dificultad postrera Que nos manda el heraldo de la muerte. Tú el victorioso Ver cómo en un instante Cambian los dados del destino. Tú que te sentiste Dueño del Universo Y quisiste saltar Por sobre tus límites. Tú ahora estás envuelto En la desgracia, Pobre Edipo ciego Con el báculo levántate. Apóyate en tus huesos, Mírate en el espejo de tus lágrimas Y desde Job lanza todas tus imprecaciones, Pero no te dejes vencer Álzate en la más desesperada Tentativa. Tú, responde de ti mismo Porque nadie puede responder por ti. Rómpete el corazón Pero sigue viviendo Impulsando la sístole y la diástole Con tu propio aliento Y en medio del desastre Encima de las mismas ruinas, Alza tu estatua de mármol O acerina. Reta a Dios si es preciso Con todas las fuerzas Que impulsa el desafío. Tú, el inseguro Asegúrate en tus huesos. Desdichado, Álzate de tu desdicha. Yérguete Aunque hayas perdido La razón de tu vida. Aunque entierres lo que más amas Debes erguirte y seguir adelante. Oh, pobre Hamlet Que sabes de traiciones Que conoces veleidades del amigo, La muerte del amor que era tu vida, La inconstante fortuna, Los dardos de la envidia, La ambición que escala Por sobre tu derrota Y te deja triste y marginado. Aunque veas convertirse en sombras El juego de tus luces Y conozcas lo precario del triunfo, No cuestiones la vida, El ser o tu existencia. Ármate la coraza En la cintura Aunque sobre el espejo quebrado Que hay en el declive O amarrado de un poste. Aunque llegues a entender ¡ay, demasiado tarde! Que poco puedes Frente a la muerte tu adversaria Acuarela de primavera Yo vengo de invernar Tan largamente Que por poco me quedo Aprisionada En sus témpanos Eternos. Pero he vuelto a sentir Rebrotes en mis dedos Tiernos tallos De un alegre verde. Y no hay una rosa Que me guste tanto Que el rosa-tierno Del alba en que amaneces. Y no hay un lila Que me ponga triste Como esa despedida De tus brazos. Me llegas en un Vuelo celeste, Hasta creo que el sueño Lo he inventado, Pero, ¡estás, estás aquí Conmigo, no es un sueño! De dorados albores Me coronas Y brilla la diadema Confundida Con rayos tuyos Y cabellos míos. Y vuelve el amarillo Con sus luces Que juegan con mi frente Y con tu pelo. El sol –alto de mancebo— Me pregunta Si quiero acompañarlo En el poniente. Y si te amo Con rosas de alborada, Con el morado del crepúsculo Te adoro Y se vuelve penumbra Para darnos Sombra propicia De verdes más intensos. Preguntas si llegó La primavera Radiante no me ves La cara Como si el sol Iluminara adentro. No sientes que la vena Casi estalla De júbilo y alborozo, De alegría Y no ves que estallan Los colores Del blanco hasta el oscuro Y hasta el fondo De aquella noche Noche de profundis. Yo vengo a invernar Tan largamente Que por poco me quedo Aprisionada En sus témpanos Eternos. Pero tú me rodeas con tus brazos Que traen con tu amor La primavera, Y he vuelto a sentir Rebrotes en mis dedos Tiernos tallos De un alegre verde.
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